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Escuchar para conectar

Yo soy una persona que le cuesta mucho trabajo expresarse, comunicase, soy mujer de pocas palabras; hablo poco de mí, de lo que pasa en mi mundo interior. Algunas veces que me he visto forzada a HABLAR y expresar lo que pasa dentro de mí, en vez de sentirme escuchada y comprendida, recibo soluciones, consejos, opiniones, y muchas veces me quedo con una sensación de insatisfacción. 

Estas últimas semanas mi esposo y yo hemos estado leyendo un libro que se llama “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen”. El primer punto que toca este libro, es la importancia de reconocer los sentimientos del otro y simplemente escuchar y reconocer, sin aconsejar, sin dar opiniones, sin regañar, sin desacreditar; simplemente ESCUCHAR Y RECONOCER.

El otro día pasaba por un momento difícil. Estaba muy triste, decepcionada, cansada… en uno de esos días que ni nosotras entendemos qué está pasando dentro de nosotras. Estaba con mi esposo y le platique por qué me sentía así, ya habíamos terminado la conversación cuando volteó y me dijo: ”¿sabes qué? voy a aplicar el libro contigo. Debes sentirte muy triste y cansada con esa situación” Mi lengua se soltó; comencé a explicarle por qué estaba tan cansada y el me dijo a veces se sentía igual, que podía entender lo difícil que era. Me sentí escuchada, que le importaba lo que pasaba en mi interior, me sentí querida, afirmada, comprendida. Terminamos abrazados y sintiendo una unión y conexión especial

Qué diferente hubiera sido si sus respuestas hubieran sido algo así: “no es para tanto, ya pasará”; “es por tu culpa estar en esa situación si hicieras esto diferente otra cosa seria”; “acuérdate que otras personas viven cosas peores”; “así es la vida, sigamos adelante”. 

Vivimos en un mundo que no sabe escuchar, que le es más importante el comentario que demuestra que sabe más que el otro, que simplemente avienta las ‘soluciones’, pues no tiene la paciencia para que el otro encuentre las propias. Vivimos en un mundo que se escandaliza y no sabe manejar ni recibir la expresión de sentimientos; como enojo, tristeza, frustración, rabia. Vivimos en un mundo que solo sabe comunicar sentimientos con emojis, vivimos en un mundo que sólo comunica la superficie, vivimos en un mundo que ya no tiene el tiempo para escuchar al otro; que corre, que quiere todo de prisa. Vivimos en un mundo que ya no se da el tiempo para conectar con el otro. 
Aprendamos a escuchar, a reconocer, a comprender y a empatizar, pues esto siempre nos llevará a la conexión íntima y profunda con el otro. 

Fernanda Gomez

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