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¿Cómo saber si somos compatibles?

Esta es la pregunta del millón, pero es la pregunta errónea. Muchos creen que hay alguna combinación mágica entre dos temperamentos, signos astrales, edades, razas, estaturas, que puede garantizar un matrimonio exitoso y feliz. Pero no es así. Claro que estos factores pueden influir, dado que cada persona tiene su propia ‘cultura’ por así decir, con su propia forma de pensar y actuar, su propia jerarquía de valores. Pero finalmente el tema de la compatibilidad es más bien la capacidad de acoplarnos el uno al otro. No nos tienen que gustar las mismas películas, ni el mismo equipo de fútbol, ni la misma salsa para los tacos, ni los mismos libros, ni la misma ropa; pero sí es necesario que seamos capaces de reconocer nuestras diferencias, aceptarnos el uno al otro, comunicar nuestras necesidades, saber identificar la diferencia entre un capricho egoísta y un deseo legítimo, buscar siempre el bien mutuo, ser sinceros, capaces de resolver sus conflictos asertivamente, capaces de perdonar, capaces de superarnos por el bien del otro y de la pareja, etc. No estoy diciendo que cualquier pareja puede funcionar igual que otra. Pero las ‘reglas’ o ‘leyes’ de la compatibilidad son bastante flexibles. No todos los hombres se casan con una mujer parecida a su mamá, ni con una mujer opuesta a ella. No todas las que son altas se casan con uno alto. No todos los de un color de piel se casan con alguien del mismo. Pero quisiera nombrar varios factores que sí son esenciales, básicas para que una pareja pueda construir un proyecto de vida y plenitud. No son garantía, porque mucho depende de la libertad y fidelidad de cada persona, pero son necesarias:

  1. ATRACCIÓN FÍSICA: no tiene que ser artista de cine, ni la persona ‘más atractiva’ que haya visto en mi vida, pero me tiene que gustar y atraer, o dicho de otra manera, tengo que tener una sensibilidad particular para reconocer la belleza única de esta persona.
  2. PERSONALIDAD: no tenemos que tener todo en común, ni todo diferente. Tenemos que llevarnos bien, en paz, disfrutar la presencia el uno del otro, tener ilusión al pensar en compartir una vida entera, la capacidad de acoplarnos. Aquí se puede hablar de la compatibilidad emocional, intelectual. Parte de esto ya viene dado, pero otra gran parte de esto se va desarrollando con el tiempo.
  3. PROYECTO DE VIDA: si vamos caminando en dos direcciones distintas, no podremos caminar juntos. Si quiero ser médico misionero en la India y mi pareja quiere ser actor de Hollywood, difícilmente se van a poder cumplir ambas misiones. Es importante que cada quien discierne la propia misión y ver si juntos podremos cumplir mejor nuestras misiones personales y nuestra misión en conjunto. ¿Me ayudas a ser la mejor versión de mí? ¿Te ayudo a ser la mejor versión de ti?
  4. JERARQUÍA DE VALORES: incluso entre dos personas de la misma religión o ideología, puede haber jerarquías de valores MUY diferentes. ¿Cuáles son mis prioridades? ¿El bienestar económico? ¿Pasar mucho tiempo con la familia? ¿El orden en el hogar? ¿El trabajo apostólico? ¿La diversión? ¿El espacio y desarrollo personal? ¿La oración? Todos estos temas son importantes, pero cada persona les da diferente nivel de prioridad en su vida, y es importante aprender a acoplarse y aceptarse, aceptar que no hay sólo UNA manera de vivir la vida. Sin embargo, hay valores que no pueden sacrificarse: el valor de la vida (que los dos cultiven y protegen la vida y la dignidad humana a toda costa en todas sus decisiones), el valor de la persona, de la sexualidad, el respeto, la libertad personal, el matrimonio para siempre, apertura a la vida, fidelidad, etc. Muchos preguntan si se puede casar con alguien de otra religión y ser felices. Casi nada es imposible, pero si ya de por sí es difícil acordar en una jerarquía de valores, imagínate el reto adicional de dos religiones diferentes, y cómo eso puede llegar a confundir a los hijos. Es importante tener la mayor claridad posible sobre lo que creo, porqué lo creo y vivir según lo que creo, antes de buscar con quien quiero compartir mi vida. Por ejemplo, si no sé todavía si creo o no en la indisolubilidad del matrimonio, entonces no seré capaz todavía de comprometerme por completo con otro.
  5. HERRAMIENTAS BÁSICAS: muchas relaciones truenan no porque no seamos compatibles, o porque no era ‘el amor de mi vida’, sino porque no tenemos las herramientas básicas que necesitamos para superar los retos y seguir creciendo en la intimidad. Comunicación asertiva (importante profundizar en esto concepto), capacidad de perdón, superar las adicciones (especialmente en el campo de la sexualidad dado que afecta directamente a la intimidad de la pareja), capacidad de resolver conflictos, capacidad de amar y salir de mi zona de confort, capacidad de darle su espacio al otro, evitar relaciones de co-dependencia o abuso emocional, saber pedirle fuerza a Dios especialmente en los momentos de mayor dificultad, compromiso de trabajar constantemente en crecer en la intimidad intelectual, comunicativa, emocional, espiritual, física (en el matrimonio esto incluye la intimidad sexual), saber vivir la diferencia entre el amor y el uso, etc. Hay muchas herramientas que vienen con las experiencias de vida, otras que vienen de la lectura y el conocimiento, otras que vienen de la buena terapia psicológica y la buena dirección espiritual, otras que vienen de la oración y la reflexión personal. Si ambos estamos trabajando constantemente por mejorar como personas, alcanzar la auténtica felicidad, y ayudar al otro a alcanzar su máxima felicidad, esto ayuda mucho para solidificar el compromiso, aumentar la intimidad y la satisfacción en el amor.

*Un concepto importante que quiero mencionar es que no hay sólo una persona destinada para mí desde toda la eternidad. Esa creencia causa que muchos buscamos a la mujer perfecta o al hombre perfecto durante toda la vida, esperando que Dios me escriba una carta confirmando que es la persona que Él eligió para mí. O le echamos la culpa a Dios cuando el matrimonio no funciona, diciendo cosas como ‘no era la persona correcta para mí’ o ‘no estaba escrito en las estrellas’ o ‘no era la voluntad de Dios’. Dios ha creado a cada ser humano con libertad. Ni las estrellas, ni el destino, ni Dios nos une. Junto con todos estos criterios, Dios me puede ayudar a elegir bien a una persona, puede darme el visto bueno, puede darme paz en el corazón, puede ayudarme a discernir si cumple con los criterios mencionados en este artículo. Pero esto no significa que es la única persona con quien yo podría vivir un matrimonio pleno y duradero. No nos agobiemos por encontrar ‘él hombre para mi’ o ‘la mujer para mi’, sino un ‘buen hombre/mujer para mi’ con quien quiero compartir y comprometer el resto de mi vida y luego vivir conforme a esa elección.

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